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Inmaculada

LA VIRGEN INMACULADA

Una relación de amor y devoción de San Leonardo Murialdo.

Maria-1

 

El segundo deseo de Murialdo.

La devoción mariana de Murialdo.

La relación entre los dos deseos.

La devoción mariana en la FdM y su difusión.

Vigilia de la Inmaculada.

 

 

 

 

El segundo deseo de Murialdo

“La otra doctrina que quisiera que la Congregación difundiese es aquella de san Alfonso de Ligorio sobre la devoción a María medianera de gracia... La sentencia: “Dios quiso que nosotros recibiésemos todas las gracias por medio de María” es de san Bernardo... En el libro Le glorie di Maria, san Alfonso la sostiene y la defiende con fuerza...” ( Test., p. 81) Este es el segundo deseo que Murialdo nos dejó a sus seguidores.

Hay que tener presente que esta doctrina de la mediación de María debe ser entendida hoy no según la teología del siglo pasado, sino según la mariología actual que encuentra un punto de referencia en la constitución Lumen Gentium 60-62, y en la encíclica Redemptoris Mater de Juan Pablo II en modo particular la tercera parte titulada Mediación materna.

Esta herencia, que Murialdo deja a sus hijos, encuentra su origen y fundamento en la experiencia misma de Murialdo, como aparece en el Testamento que tiene una fuerte connotación mariana.

La devoción mariana de Murialdo

Escribe don Refo que “la devoción a la Virgen fue en Murilado tiernísima y consoladora...” (Vita, p. 248). En efecto no se puede pensar en Murialdo sin pensar cercana a la Virgen .

En el Testamento nos recuerda que fue confiado por su madre, junto con el hermano Ernesto, a la Virgen “Consolata” antes de salir para el Colegio de Savona (cf. Test., p.55); agradece la Virgen por no haber hecho daño a los compañeros más jóvenes que él (cf. Test., p. 55,62); por su conversión (cf. Test., p. 74), por la liberación de una situación psicológica y espiritualmente angustiosa tanto que creía enloquecer (Test.,p. 86).

Su camino terreno lo ha vivido con María. La educación religiosa recibida en familia y en el colegio de Savona; la formación sacerdotal y en el Seminario de san Sulpicio en París están marcadas por una intensa devoción hacia la Virgen. En particular él era devotísimo de la Virgen “Consolata” y de la Virgen de la Misericordia que se venera en el célebre santuario de Savona y de la cual hay una devota capilla en la Iglesia parroquial de “santa Bárbara” capilla en la que Murialdo hacía su acción de gracias después de la Misa” ( Vita, p. 249).

Son pruebas de su devoción mariana sus prácticas personales, en particular el rezo cotidiano del rosario que nunca dejaba (Vita, p. 261) - en 1875 se había comprometido “a rezar cada día el rosario” (Scritti I, p. 143; cf.p. 185) - sus peregrinaciones a los santuarios marianos en Italia y en el exterior: Turín ( santuario de la “Consolata), Savona, Mondoví, Loreto, Lourdes, La Salette, Issoudun...; su predicación, la característica mariana dejada a la Congregación, sus escritos, de los cuales se entrevé   un corazón rico de tierno afecto hacia Maria.

En 1875 había hecho este propósito: “Tendré una tierna devoción a María Santísima, y para alimentarla en mi y conservarla leeré a menudo libros sobre la Virgen” ( Scritti I, p. 143). El documento sobre el carisma así sintetiza la devoción mariana de Murialdo: “Honró a la Virgen María Medianera de todas las gracias y Madre de la Misericordia” (Car. II).

La relación entre los dos deseos

Murialdo ve la acción de la Virgen para con él como fruto de su misericordia. En efecto a la luz del Testamento la Virgen es medianera de gracia porque es “madre de misericordia” (MSS., III, 551,2), es “reina de la misericordia” ( Mss., III, 539,13). Por este motivo repite muchas veces en el Testamento, modificando la expresión del salmo 88,2: “Cantaré eternamente las misericordias de María” ( Test.,p. 55, 86) por él llamada “mi buena madre” ( Test., p. 86), “mi buena y dulce madre” (Test.,p 54) donada a él “por el amor del Señor” (Test.,p. 86). Afirma el documento sobre el carisma que Murialdo “honró... la Virgen María medianera de todas las gracias y Madre de la misericordia” ( Car. II).

Murialdo considera la acción de Dios y de la Virgen bajo esta particular perspectiva porque se siente necesitado de misericordia por su vida “hecha de pecados, de ingratitudes y de negligencias” ( Test.,p. 51).

Vista la Virgen bajo esta luz es fácil intuir como los dos deseos que Murialdo deja en herencia a sus hijos espirituales, están unidos entre sí por la perspectiva de la “misericordia”(cf. Test.,p. 78-82)[1] .Dios es misericordioso y la Virgen intercede porque es también misericordiosa. Por este motivo la devoción a la Virgen va insertada en el contexto del amor misericordioso de Dios casi como si fuese una sola cosa con él.

Murialdo ve todos los dones recibidos a lo largo de su vida como fruto de esta mediación misericordiosa de María. Escribe en 1870: “Y tú, María, madre de Dios y mi tierna madre, tú que tantas veces me has salvado del infierno;...tú que me has procurado tantas gracias, quédate cerca...” (Scritti I, p. 180). A menudo en Murialdo vuelve el agradecimiento a la Virgen por haberle liberado del infierno, es decir por haberle sostenido en el momento de la prueba y de la tentación que ponía en riesgo su fidelidad al Señor” ( cf. Test. p. 82; Mss., III, 573,2.9).

En una oración a la Virgen escribe: “Querida madre mía, yo quisiera poder demostrarte de alguna manera la gratitud que te debo por los beneficios que me has hecho durante mi vida... Si yo alcanzase a convencerme que verdaderamente todos aquellos millones de gracias temporales y espirituales recibidas del Señor durante mi vida, todas, ninguna exceptuada, han sido obtenidas por tu intercesión, ¿cuánto no sería mi reconocimiento para ti? ¿Y cuánta mi gratitud para el porvenir? (Mss., III, 571,1). En una invocación a la Virgen de la “Consolata, se expresa así: “Oh María consoladora ¿es verdad que todas las innumerables gracias que yo he recibido de Dios durante mi vida, las debo todas a tu intercesión? ¡Cuánta gratitud debo demostraros entonces! Y sobre todo cuánto debo agradecerte por haberme preservado con tus oraciones de caer en el infierno, tantas veces merecido por mi. Gracias, o Madre mia María, por haberme salvado . Y gracias por todos los otros beneficios que yo he recibido de Dios porque sé que todos me los has obtenido tú con tus oraciones. ¿Y para el porvenir? También para el futuro todas las gracias que querré obtener del Señor, tendré que recibirlas de tus manos, es decir por tu intercesión” ( Mss., III, 573, 2; cf. 570,1).

Frente a esta certeza Murialdo expresa dos sentimientos hacia la Virgen: gratitud y confianza, “gratitud... por todas las gracias recibidas por Dios en el orden natural y sobrenatural” por su intercesión; y confianza por su bondad misericordiosa que nunca abandona a sus hijos (Test., p. 82): “María nunca olvida a sus hijos. María no se dejará vencer por nosotros en el amor. Amémosla y seremos amados... Sea Ella, después de Jesús, toda nuestra esperanza. En cada necesidad temporal o espiritual levantemos los ojos a María, invoquemos a María...” ( Mss., V, 995,6) y todavía: “Nadie esperó en María sin haber sido escuchado, Esperemos en María” (Scritti II,p. 267). Decía a los jóvenes: “Acordaos que si María lo obtiene todo, todo de Dios porque es madre de Dios; nada, absolutamente nada os niega porque es madre vuestra” ( Mss., II. 204, 3).

Escribe Murialdo: “Esta doctrina [de la mediación de María] creída con viva fe, qué gratitud no despertaría en nosotros hacia María por todas las gracias recibidas de Dios en el orden natural y sobrenatural, y qué confianza no suscitaría en nosotros hacia ella para el futuro. Si se la pudiera predicar ¡qué confianza suscitaría hacia María! Sobre todo qué reconocimiento si nosotros supiésemos que no estamos en el infierno porque María, María madre nuestra, nos ha obtenido esta gracia” ( Test., p. 77).

Una señal de la devoción de Murialdo a la Virgen medianera fue el compromiso tomado en el Congreso mariano de Turín en 1898 para promover, a su cargo, la publicación de un librito que ilustrase la doctrina de María Medianera. La propuesta de Murialdo iniciaba con esta palabras: “El infrascrito, deseoso de propagar y acrecentar en medio de los fieles la devoción a María despertando entre ellos sea la gratitud como la confianza hacia ella...” ( Ms., III, 573,4). Murialdo mismo preparó algunos esquemas para el contenido del librito (cf. Ms., III, 573, 4-16) que, en un segundo momento, deseó que fuesen dos: uno doctrinal y otro devocional (Vita, p. 249). Después de la muerte de Murialdo fue publicado el primero por don Reffo.

A la Virgen, sobre todo, pedía la gracia de la santidad. Así escribe a don Reffo desde el santuario de la Virgen de la Salette, en 1876: “Qué bueno es el Señor también con los ingratos, y como es dulce y suave María especialmente en los santuarios de su misericordia. ¿Qué el Señor me haya hecho la gracia de empezar de una vez a ser fiel a la gracia? Yo lo espero vivamente de nuestra Señora de la Saleta. Hace tantos milagros. ¡Le costará hacer esto! (Epist., II, 524); y, siempre en el mismo año, escribiendo a los hermanos desde el santuario de Lourdes, afirma: “Hasta ahora no he visto con mis ojos ningún milagro..., pero eso vale poco, sólo pido a la Inmaculada Concepción que vosotros veáis uno y es el de ver fervoroso y santo a quien tendría que ser vuestro modelo y en cambio...”(Epist., II, 702). En una invocación escribe: “O María, hacedme santo, enseguida santo; después de Dios sólo vos, toda vuestra es la gloria” ( Mss., II, 211,2). En 1853 había hecho este propósito: “Cada día, después de la santa Misa, por medio de la Salve Reina pediré a María Madre de Dios un espíritu ferviente...” ( Scritti I, p.21).

Murialdo ha escrito: “Quisiéramos que todos los cristianos estuvieran animados por una fervorosa devoción a María” ( Mss., III, 573,3), una devoción confiada porque “¿quien podrá creer que María pida con voluntad absoluta y Dios le diga que no?” ( Mss., III 567,1). “María es madre omnipotente por voluntad del Hijo omnipotente” ( Mss., III, 562,2) repite a menudo Murialdo para suscitar la confianza y la gratitud hacia María.

La devoción mariana en la FdM y su difusión.

Esta devoción a María, Murialdo la ha transmitido a sus hijos, y se prolonga también hoy a todos los miembros de su familia espiritual.

La enseñanza y el testimonio de Murialdo están sintetizados en el art. 43 de las Constituciones de la Congregación donde se lee: “Los hermanos, acogiendo la invitación del Fundador, invoquen a la Virgen Inmaculada, medianera de todas las gracias y madre de la misericordia, la honren con amor de hijos, difundan su devoción y encuentren en ella un modelo de su consagración religiosa.”

Debemos distinguirnos por una tierna y filial devoción a la Virgen María. Murialdo y toda nuestra tradición insisten sobre este aspecto de nuestra vida: “Todos los hermanos profesarán... una devoción tiernísima a María, nuestra querida madre” (Mss., p. 30; cf. Dichiar., p. 36).

La Virgen, para nosotros, tiene como título “Medianera de gracias y Madre de la misericordia” (cf. Car.II) y debe ser considerada como “Madre” y nosotros sus “hijos”. Escribe Murialdo: “María es la dulce y amorosísima madre nuestra” ( Mss., III, 359,13); es “la buena y afectuosa madre nuestra” ( Mss., III,555,1); es la “querida…madre” (Scritti III,p. 24) que nos ama con amor actual, personal, inmenso” ( Mss.,III,556,1). Por esto debemos amarla “con amor tierno y afectuoso” ( Mss., III, 540,18) y venerarla “con amor y confianza porque Ella es la más buena, dulce y misericordiosa entre las criaturas y la afectuosa madre nuestra... Nos ama más que todas las madres, después de Dios” ( Mss., III, 539,3.14); y “María nos ama con un amor el más ardiente, el más tenaz, el más perfecto... Si Ella nos ama tanto, amémosla también nosotros....” (Mss., III, 541,6).

Hablando de María Madre de Dios y Madre nuestra, así se expresa Murialdo: “María es Madre de Dios. Qué veneración no se conviene a María que ha sido elevada así de alto por Dios. La veneración debe ser igual al amor que nosotros le debemos porque no sólo es Madre de Dios, sino madre nuestra. ¿María madre nuestra? ¿Y nosotros , pobres pecadores, tenemos la madre en común con el Hombre-Dios, con Dios? ¿Y cuándo llegó Ella a ser nuestra madre?”

“¿No recordáis aquellas amables palabras de Jesús en la cruz? Viendo a los pies de la cruz a su desconsolada Madre y al representante de los creyentes: Juan, Jesús dijo: “Mujer, he aquí a tu hijo” . La madre no contestó por la inmensidad de su dolor; sus labios no supieron encontrar palabras, pero su corazón lleno de afecto se abrió para acoger como a hijos a todos los pecadores, y desde aquel día ella es el refugio seguro, el ancla de salvación para quien la invoca con el dulcísimo nombre de madre. Y desde aquel día, siempre recordando el testamento de Jesús, ella consideró a los hombres como sus hijos espirituales y amó a los hombres como una madre.”

“¿Y nosotros no tendremos tener para ella un amor de hijos? ¿No tendremos un amor tierno y afectuoso que nos haga gozar en alabarla? ¿No tendremos para ella confianza de hijos?”

“Se han visto madres tirarse al fuego para arrancar de la muerte a sus propios hijos porque una madre no puede olvidarse del fruto de su seno. Así María no olvida nunca a sus hijos. María no se dejará vencer por nosotros en amor. Amémosla y seremos amados. Si nosotros la amáramos de verdad bajarán sobre nosotros la abundancia de sus bendiciones y seremos benditos en la vida, será preciosa nuestra muerte y seremos felices por toda la eternidad.”

“Y más amamos a María, más tierno y afectuoso se hace nuestro amor por Jesús y al mismo tiempo, más crecemos en el amor a Jesús y tanto más profundamente la devoción a la Virgen arraiga en nuestro corazón” ( Mss., V, 995,1-7), devoción que consiste “en honrar, rezar, imitar” ( Mss., III, 546,1) a   María.

Una de las modalidades para expresar nuestra devoción a la Virgen, según nuestra tradición, es el rezo cotidiano del rosario.

Murialdo definía el rosario “estupenda oracion” ( Mss., III, 543,7) “dulce oración” ( Mss., III, 543,9) e invitaba a rezarlo “bien, con atención, con afecto y con gran esperanza.” ( Mss., III, 542,12).

Murialdo ha dejado escrito que “el rosario es como el breviario de los siervos de María. El libro del ciego y del pobre” ( Mss., III, 543,9) para indicar que es una oración que todos pueden rezar, de cualquier condición o cultura que sea, en cualquier tiempo y en cualquier situación, como lo hacía él. Refiere un hermano que viajando desde Turín a Venecia, “apenas subidos al tren ... el teólogo Murialdo me invitó a rezar el santo rosario: lo rezó todo entero con los quince misterios...” y otro testigo dijo que, acompañando muchas veces a Murialdo de Turín a Moncucco a pie (cerca de 20 Km), “mientras se caminaba... se rezaba dos o tres veces el rosario entero.” ( Vita, p. 265).

Como seguidores de Murialdo, según la herencia dejada por él en su Testamento, estamos también nosotros llamados a propagar, sobre todo entre los jóvenes, la devoción a la Virgen. Ya el Reglamento de 1873 escribía: “Para salir victoriosos en las obras de santificación de las almas, los hermanos de san José harán todo lo posible para difundir principalmente entre los jóvenes la devoción a la Virgen Santísima...” ( n. 182).

Don Reffo recuerda esta exhortación que Murialdo dirigía a los superiores de las comunidades; “Si se quiere hacer algo de bien en medio de los jóvenes es necesario infundir en ellos el amor a la Virgen María” ( Vita, p. 252).

Entre los medios para expresar y reforzar la devoción a María, también entre nuestros jóvenes, la tradición nos recuerda la de celebrar “con solemnidad y conveniente preparación” la fiesta de la Inmaculada Concepción (Dir. 36) y de colocar una estatua de la Virgen en el patio. (cf. Dichiar.,p. 36 ; f. Dir 1936, art. 28).

NB. Para profundizar

-Vita. p. 248-253: La devozione alla Vergine.

-A. MARENGO, Contributi..., vol IV, p. 183-264: San Leonardo e la                                 devozione a Maria Santissima.

-G. FOSSATI, La Vergine Immacolata nella Regola, in Lette. Gius., 1984, 2,                    p. 46.-52.

-        A. CATAPANO Mediatrice dell'amore. Dimensione mariana di san Leonardo Murialdo, (FOR-PER, 18) LEM, Roma.

-        -Redemptoris Mater, enciclica di Giovanni Paolo II (1987), p. III: Mediazione materna.

 


[1] Estos dos deseos,   presentes en el Testamento,   habían sido manifestados ya a los directores de las comunidades para que   hiciesen de ellos objeto de estudio y de predicación ( Mss., II, 243,1)

 

 

 

 

 

 

 

VIGILIA DE LA INMACULADA

Destinatarios: cincuenta jóvenes entre 16 y 20 años, de clase media, estudiantes, de ambiente urbano de los que algunos ya participan de un proceso grupal de maduración en la fe.

Objetivo: propiciar un encuentro con María para confrontar nuestro SÍ con el de ella.

El elemento en el que vamos a fijar la atención es la atención a la Palabra de Dios que llama y a la Confrontación de la fe. El tiempo de duración será entre una hora y hora y media aprox.

1. MOT1VACION:

Utilizar un mimo proyectivo en el que se representen las actitudes de los jóvenes frente al bombardeo de mensajes que recibimos (publicidad, televisión, música...). Las actitudes serían:

• Alguien que esté sometido a todo lo que recibe.

• Alguien critico ante lo que recibe.

• Alguien que pasa ampliamente de lo que recibe.

Para llevar a cabo estas tres actitudes, los jóvenes escucharán fragmentos de canciones actuales con mensajes. Se les proyectarán, además, imágenes de anuncios de TV o de revistas actuales.

2. ILUMINACIÓN:

La segunda actitud será representada por una chica ya que representará luego a la figura de María.

Quedará en el centro de la escena, mientras que los otros personajes quedarán en segundo plano. El Angel anuncia el mensaje que Dios le trasmite a Maria.

3. IMPLICACIÓN:

Se les divide en grupos de siete personas para que compartan sobre las siguientes preguntas:

• ¿Qué mensajes recibes tú?

• ¿A dónde te llevan? ¿A qué te invitan?

• ¿En cuáles reconozco la voz de Dios?

Las respuestas las escribirán en una cartulina y se colocarán en las paredes a la vista de todos. Se comentan brevemente.

Posteriormente se les invitará a formar tres grupos de oración, según su nivel (un happening para los que no tienen experiencia- reflexión dialogada para los iniciados - más contemplativa con los más expertos).

4. COMPROMISO:

En el grupo mismo de oración se determinan los compromisos que cada quien quiere asumir. Al comprometerse encienden una vela como símbolo de que quieren decir SÍ.